«Lo que está ocurriendo en Polonia es una forma de lucha cultural y social, pero perversamente es también un testamento de qué tan fuerte se ha vuelto el movimiento queer y la lucha por la igualdad que este representa»: entrevista a Tomasz Jedrowski

por Francisco Castillo

La novela queer tiene un nuevo exponente en Nadar en la oscuridad (Dos Bigotes, 2021) del escritor polaco Tomasz Jedrowski, quien, tras 7 años de escritura, dio vida a la historia de amor de dos jóvenes en los últimos años de la Unión Soviética. La novela ha sido comparada con el clásico La habitación de Giovanni y fue recomendada por Dua Lipa como una de sus lecturas de verano.

En esta entrevista, el autor nos habla de la importancia de escribir sobre el amor para sanar heridas largamente arraigadas en nuestras sociedades, sobre la responsabilidad política de habitar el mundo y la situación de las minorías en un país reconocidamente conservador como su Polonia natal. 

Francisco: Tu primera novela es sobre el amor. ¿Por qué elegiste ese tema? ¿Por qué esta historia y no otra?

Tomasz: No pienso que realmente elijamos un tema sobre el cual escribir, al menos yo no lo hago. Las ideas vienen porque desean existir en una forma material, desean ser expresadas. El amor, por sobre todo, desea ser expresado. Porque hay tantas heridas en torno al amor, pero, aun así, el amor –ya sea por otra persona, por nosotros, sea amor romántico o el amor llamado compasión–, es lo único que puede sanar esas heridas. 

F: ¿Era importante para ti narrar una historia de amor en un periodo político específico?

T: Sí, porque el tiempo y el lugar en el que vivimos influencia la forma en que pensamos que se nos permite amar, regula nuestro sentido de la vergüenza, nuestro sentido de pertenencia, nuestro sentido de autoestima. Para mí, volver a la Polonia de la década de 1980 era una forma de explorar cómo, o si, podría haber amado si hubiera nacido en el país de mis padres, como parte de su generación. 

F: ¿Podrías explicar cómo fue el proceso de crear y luego escribir Nadar en la oscuridad?

T: Fue más largo y difícil de lo que pensé que sería. Por varios años no sabía lo que estaba haciendo, pero sabía que esta historia, fuera lo que fuera, realmente deseaba existir. No me dejaba ir. Lo único más difícil que escribir era no escribirla, por lo que seguí haciéndola. Y me desesperaba, y seguía escribiendo, y poco a poco se empezó a convertir en algo que consideraba bello y justo. Al escribir ciertas escenas, e incluso leyéndolas, lloraba, y en esos momentos sabía que estaba en el camino correcto. 

F: Durante el mismo periodo en que se desarrolla la novela en Polonia, en Chile había una dictadura de derecha. ¿Cómo era la vida en Polonia en los 80? ¿Los hechos del libro son fieles a la realidad de esos años?

T: Como en cualquier parte del mundo, tus condiciones de vida dependen del lugar de la sociedad en el cual te encuentras, en qué clase social, económica, cultural o política te ubicas. Eso es lo que traté de mostrar, qué tan variadas pueden ser las vidas de las personas dependiendo de si tienen dinero o status, o la orientación sexual o identidad de género “correcta”. Respecto de los hechos históricos de Polonia de la década de los 80, yo aun no había nacido en el momento en que ocurre la novela, pero mi investigación fue exhaustiva e intenté escribirla lo más cercana posible a la historia del país. También tenía información de las historias que mis padres me habían contado toda la vida, desde que era un niño. Muchas personas que vivieron esos años –incluidos hombres queer– me han contado que la novela les recordó su pasado, y eso me pone feliz. Y, sin embargo, la precisión en los hechos no es necesariamente el objetivo. Insistir en cómo fueron las cosas realmente puede oscurecer cómo estas se sintieron.  

F: ¿Cómo era vivir en Polonia siendo homosexual durante esa década? Actualmente el país hace noticia por ser muy conservador, incluso anti LGBTQIA+.

T: Pienso que había mucha represión interna, mucha autocensura. También mucho autodesprecio, mucha vergüenza. Siento que muchos de estos sentimientos han sido transmitidos por las generaciones de ancestros queer. Ese sentimiento de que somos menos buenos, o que nos debemos esconder. El miedo a ser descubierto, el miedo a ser juzgados y excluidos. Estos traumas no son algo que pueda ser cambiado en una generación o dos. Nosotros, los queer, y las personas que no lo son, tenemos mucho que sanar, individual y colectivamente.

De cierta forma, lo que está ocurriendo en Polonia es una forma de lucha cultural y social, pero perversamente es también un testamento de qué tan fuerte se ha vuelto el movimiento queer y la lucha por la igualdad que este representa. 

Hace diez, veinte, treinta o cuarenta años no existía un debate público real sobre lo queer, porque sencillamente no se consideraba un tema lo suficiente importante o incluso apropiado para ser discutido. El consenso era: estas personas son anormales y no merecen nuestro tiempo.

Hoy existen algunos retrocesos, y hay miedo, ignorancia y violencia, pero al menos la discusión se da en la vida cotidiana. Ya no podemos ser ignorados o silenciados, este llamado por igualdad es real. 

F: ¿Crees que los escritores tienen una responsabilidad política respecto de los contextos sobre los cuales escribe?

T: Pienso que cada ser humano tiene una responsabilidad política respecto de lo que hace o dice en el mundo. Nadie, ninguno de nosotros, está exento o protegido de esta responsabilidad, incluso si muchos de nosotros pretendemos que no se nos aplica. Y no quiero decir “política” en términos de activismo o académicos, ni siquiera en términos de búsqueda de poder. Finalmente, la pregunta es: ¿cuáles son los efectos de mis acciones y palabras en las personas que me rodean? ¿Soy honesto o elijo esconder cosas por miedo a ser juzgado?

Casi siempre el silencio es una forma de colaboración con el status quo. Casi siempre decir tu propia verdad puede ser extremadamente poderoso. Así es cómo ocurren los cambios políticos y sociales, a través del diálogo entre las personas.  

F: En la novela retratas cómo vivía cierta elite del partido comunista, en comparación con las personas sin una militancia activa. ¿Por qué crees que se generaba esta dicotomía entre progresismo a puertas cerradas y conservadurismo en público?

T: Polonia tiene una larga historia de opresión, incluidos varios periodos de particiones, en los que el país ha dejado de existir oficialmente. Incluso el idioma ha sido prohibido. Pero las personas continuaron reuniéndose en privado, enseñando y transmitiendo a sus hijos su cultura. Existe así una larga tradición en mi país de hacer una cosa en el hogar y otra en la calle. No tendemos a confiar en el poder y le ponemos cara. Hemos heredado ese miedo y ni siquiera sabemos que lo tenemos. Entonces, culpamos a las otras personas de nuestras frustraciones.  

F: La habitación de Giovanni es el libro que acerca a los protagonistas de la novela. ¿Qué otras influencias literarias identificas en tu narrativa?

T: Me siento particularmente atraído a los escritores que miran más allá del mundo material, a sus almas, a esos sitios de la existencia que sólo pueden ser expresados a través del arte, la naturaleza o la espiritualidad. Estos escritores incluyen a Olga Tokarczuk, Patti Smith y Elizabeth Gilbert, todas quienes han tenido una gran influencia en mí. 

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