Buscando en lugares donde no hay nada: Jonas Mekas, Algo Prestado y casualidades a propósito de
Destellos de belleza de Jonas Mekas

Alcides Castro

En algún momento de este año, me empecé a interesar por leer novelas de autoras latinoamericanas contemporáneas. Fue así que llegué a la novela Todas nuestras maldiciones se rompieron de Tamara Tenenbaum. El libro me gustó, guglié a su autora y así me enteré de que además de ser escritora conducía un podcast: Algo prestado.

En Algo prestado, Tenenbaum es algo así como la anfitriona, junto a un número que se me escapa ahora de invitadxs van y siguiendo el formato del podcast hablan de ciertas cosas. El formato en cuestión sigue esta idea de las bodas gringas de tener que llevar algo nuevo, algo prestado y algo azul –ignoro si esta tradición también sucede acá en Chile o en Latinoamérica, ya sea por mi rango etario o social mis amigxs no se casan–. Como sería imposible sostener un podcast de más de tres capítulos hablando solo de cosas azules esa regla se amplía a cualquier color.  El caso es que un día estaba escuchando el podcast y una de las invitadas que va rotando resultó ser la editora de Caja Negra. Ella, siguiendo el pedido del color rosado, o rosa, como le dicen en la tierra del fernet, habló de un libro que publicó Caja Negra cuya portada era de ese color. El libro era Destellos de Belleza de Jonas Mekas.

Hasta ese momento no conocía a Jonas Mekas, y lo que decían de él me cautivó de inmediato. Además, yo estaba en un punto en que el cine me volvía a llamar la atención y a ocupar buena parte de mi tiempo, después del agotamiento por la literatura que implica haberla tenido que estudiar como carrera universitaria por cinco interminables años. La descripción del libro donde Mekas relataba ciertos episodios de su increíble e imposible vida en Nueva York me había atrapado. Así que terminé el capítulo del podcast y me puse a buscar películas de Mekas. Vi algunos extractos en Youtube y bajé –pido perdón por mi crimen confeso de piratería– esa película-recopilación con un título larguísimo que me obliga a buscarlo cada vez para no equivocarme: As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty. De ahí el destellos de belleza del título traducido. La propuesta de Mekas de documentar momentos cotidianos y en apariencia banales conectó conmigo de una manera que no esperaba. La película me encantó y así, mi interés por el libro llegó a un nuevo límite.

Vi el rosado pálido de la portada y recordé como había llegado ese libro (y Mekas) a mí. Me puse a pensar en la cadena de cosas que tuvieron que suceder. Querer leer novelas latinoamericanas escritas por mujeres para llenar ese vacío que la educación universitaria ignora y produce. Entre las cientas o miles de autoras leer a Tamara Tenenbaum. Que me guste su libro. Buscar más y llegar a su podcast. Que me gustara su podcast (cosa poco probable, quizás la más azarosa de todas). Escuchar ese capítulo, que justo a la editora se le ocurriera hablar de ese libro, no a propósito de su contenido ni de Mekas como figura importantísima dentro del desarrollo del documental, sino por el color de su portada. Me sigue sorprendiendo como una escritora argentina de treinta y tantos me hizo conocer a un cineasta lituano muerto.

Ahora pienso en estas casualidades como destellos de belleza. Un conjunto de destellos que se encadenaron uno tras otro. No sé cómo podría filmarse esto. Mekas filmaría el momento en el que abrí la caja y me di con el libro. Yo sigo esperando poder traducirlo torpemente a estas palabras. También pienso en la premisa y el título del podcast, en como Mekas ahora será siempre para mí algo prestado, un préstamo que es como cuando te prestan un libro que no devolverás, un robo. Un robo a gente a la que no conozco y con la que nunca hablaré, realizado en silencio y a miles de kilómetros de distancia. Si hay un crimen perfecto seguro que es este.

Destellos de belleza es un libro precioso. Una compilación de anécdotas que Mekas cuenta en primera persona acerca de su vida y su relación con el mundo del arte y del espectáculo de New York desde la década del 60’ en adelante. Como si de su obra fílmica se tratase, en el libro se hace presente la voluntad de documentarlo todo. La voluntad de grabar el cotidiano se transmuta en la necesidad de escribirlo, de dejar huellas, de generar un archivo. De ahí que el libro esté lleno de fotografías y recuerdos; hay en las páginas fotos de y por Mekas, cartas, fotogramas de videos, historias que hablan de los pelos de la barba de Allen Ginsberg guardados en una caja durante años.  Aparecen también muchas figuras reconocibles: John Lennon y Yoko, Arnold Schwarzenegger disfrazado de viejo pascuero –o Santa Claus o Papá Noel o como sea–, Gregory Corso, Tiny Tim –el cantante de “Living in the sunlight” que acá se popularizó por Bob Esponja–, una presentación de una película cuya anfitriona era Anaís Nïn, y una interminable lista de personajes y situaciones que dan cuenta de la vida de Mekas inserto en el centro de la actividad artística newyorquina. Pero no es una recopilación de historias de gente famosa, o no es eso solamente. Lo bello del libro es cómo a través de los encuentros y relaciones con otrxs se va construyendo una especie de autobiografía fragmentaria de Mekas: contarse a través de las relaciones con los demás.  Una autobiografía que, justamente por no pretender serlo, escapa de la autocomplacencia y acartonamiento típico de quiénes escriben de sí mismos. A medio camino entre lo banal y lo espectacular, entre lo normal y lo extraordinario está la belleza que recoge el libro. Ahí se irgue Mekas como la figura central que es, uno de tantos que dedicaron su vida por correr los límites de la creación artística y, difuminar la división entre vida y arte hasta hacerla invisible.

Reviso y termino de escribir esto antes de irme a la casa de mi tío a celebrar Navidad. Mekas nació hace cien años, un 24 de diciembre en un pequeño pueblo de Lituania en el que, según el prólogo de Pablo Marín –al cual este pequeño escrito le debe muchísimo–, ahora solo viven 3 personas. Soy pésimo para la geografía, así que quizás me equivoque, pero imagino un frío invierno lituano cien años en el pasado y el contraste ridículo con este 24 de diciembre de calor invivible en Santiago, en el que me derrito en la silla y sonrío. Imagino también una realidad en la que Mekas no está muerto y podemos verlo volviendo viejísimo a su pueblo de infancia con su cámara al hombro buscando a esas tres personas. ¿Habrá en la cabeza de esas personas un recuerdo de un Mekas niño o adolescente? Creo que por las edades y los tiempos lo más posible es que no. Pero las casualidades y las probabilidades a veces nos estallan en la cara. Lo que es yo, me voy a la cena de navidad pensando en ojalá tener 12 años y haberle pedido a mi mamá una cámara de video. Me queda el consuelo de que hoy quizás ocupe mi celular para algo más que ver las redes sociales. 

Dejo una cita traducida por mí del inicio del capítulo 5 de As i was moving ahead occasionally i saw brief glimpses of beauty:

“Habrás llegado a darte cuenta que lo que estás viendo es una especie de obra maestra de la nada. Nada. Habrás notado mi obsesión con lo que es considerado como nada, en el cine y en la vida, nada muy importante. Todos buscamos esas cosas muy importantes… Cosas muy importantes. Y aquí no hay nada importante, nada. Todo es escenas del día a día, pequeñas celebraciones personales y alegrías. Nada importante. Todo es nada. Nada. Eso es, si nunca has experimentado el éxtasis de un niño dando sus primeros pasos… La increíble importancia de ese momento, de un niño dando sus primeros pasos. O la importancia, la increíble importancia de un árbol en primavera de repente todo florecido. ¡Todo en flor! El milagro… los milagros del día a día, pequeños momentos del Paraíso que están aquí ahora. En el siguiente momento quizás desaparecerán. Totalmente insignificantes… pero grandiosos.”

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