Un entusiasmo compartido
EDITORIAL
Tomar la palabra no es un gesto inocente de ninguna manera, pero tampoco lo es guardar silencio. En estos tres años, hemos escrito solo dos líneas editoriales. La primera el 26 de noviembre del 2021, oportunidad en la que decidimos sacarle la lengua a la derecha ultraconservadora pinochetista llamando a votar por Gabriel Boric. Por estas semanas, nos hemos sentido convocados, cómo no, por la discusión en torno a la crítica literaria y las redes que tiende esta hacia quienes participamos en el circuito del libro y la lectura. Y queremos invitarles a ustedes, también, a conocer nuestras definiciones.
Revista Origami lleva poco más de tres años de trabajo autogestionado por la democratización de la literatura y los proyectos asociados a ella en Chile. Desde septiembre de 2020 a la fecha hemos pensado en la literatura y sus oficios relacionados como un campo en donde es posible discutir no tan solo posturas estéticas, sino también éticas y políticas.
Creemos en la libertad de expresión, pero también creemos en la existencia de la censura y en su uso como posibilidad. Sabemos, por otro lado, que hay escrituras que no tienen una ventana para salir al campo de lo público y que el mismo campo está atravesado por intereses. Por lo mismo, hemos sido responsables en lo que hemos publicado y no damos un paso atrás con ninguna de nuestras publicaciones, porque creemos en nuestro trabajo. Creemos, además, que “aportar al campo cultural” es muy distinto a disfrazar los disensos. Aportar no se limita a acumular opiniones positivas, como quien se suma a una fiesta donde diversas voces conversan amigablemente. Sabemos que esa imagen es utópica y, como buena utopía, diluye las heridas abiertas y las tensiones latentes.
En la conversación que tiene con Hinde Pomeraniec en el programa Vidas prestadas, Valeria Tentoni, habiendo tenido experiencia en varias áreas del periodismo, comenta que el dedicado a la cultura y la literatura tiene características bien particulares: “en el periodismo cultural la noticia es un invento”, dice. Revista Origami nunca fue pensado como un medio informativo, siempre hemos puesto el acento en “el entusiasmo compartido”, como lo llama Pomeraniec en esa misma conversación: encontrar siempre al otro lado un lector entusiasta. Si no existe, es deber de los medios crearlo, atender su búsqueda. Este quehacer cultural, describe Tentoni, es como “tirar carne a la parrilla de un asado largo, que ojalá fuera más grande”.
Durante estos años hemos fortalecido la labor conjunta con editoriales independientes del circuito chileno, publicando presentaciones, adelantos y dándole espacio tanto a nuevxs autorxs como a autorxs consagradxs. Hemos entendido, desde esta conexión con el circuito, guiadxs por conversaciones y reuniones formales e informales con todos sus agentes, que la confianza en determinados proyectos, por ambas partes, es mutua y fundamental para ampliar la plataforma de difusión y conversación en torno a los proyectos culturales.
Los pilares de nuestro medio son el pluralismo estético, el acompañamiento editorial y la vinculación con el medio. Estos tres podrían ser uno solo: la interacción activa y permanente con quienes forman parte de una comunidad lectora. Nuestro interés está en involucrarnos desde ahí, porque creemos, precisamente, en que hay una función política posible en el entusiasmo compartido. En establecer diálogos desde la proposición, la negativa y, en fin, del desacuerdo para intentar llamar a más gente al evento permanente entre lectores que son nuestro sitio web y nuestras redes.
Quienes construimos Origami nos enorgullecemos de que autorías inéditas busquen un lugar en nuestra revista o simplemente retroalimentación. La mayoría de esas autorías, literarias o no, nunca han pasado por un proceso editorial conversado. Ofrecer esa posibilidad es parte del concepto que nos anima a trabajar en detalladas lecturas y ediciones, lo que muchas veces nos ha traído extensos retrasos en los tiempos de publicación, pues es un trabajo que corre en paralelo a los textos, respetando sus formas y propuestas, buscando ahí donde corren sus proyectos. A pesar de todo, esto ha significado un aporte tanto para autorxs, que ven sus colaboraciones tomadas en serio y respetadas, como para Origami, incrementando nuestra base de lectores y de contribuciones, fortaleciendo el ecosistema del libro, sí, pero también defendiendo la necesaria presencia de los medios culturales para que un objetivo como ese se cumpla.
Que un medio cultural subsista en Chile es difícil. Los últimos días hemos recordado eso con una lástima que se parece más a la conformidad. Sabemos que los espacios para la cultura en nuestro país mueren o se vician rápidamente. Sabemos que no hay plata para financiar crítica literaria en Chile. Sabemos que los proyectos como el nuestro no pueden ni deberían tener que subsistir en base a voluntades. Pero hacemos lo que podemos mientras no se pueda de otro modo, mientras no haya políticas públicas que defiendan la relevancia de los espacios culturales en el país, mientras comprendemos también cuál es nuestra labor ahí, cómo nos toca a nosotrxs, porque nos queremos involucrar y trabajar con la cultura y no para la cultura; hacer con ella. No podemos tomar distancia. No podemos evitar la cercanía.
En semanas anteriores se dio una conversación que decantó en un debate sobre la crítica literaria, canon y mediación de lecturas; circunstancia escasa en el ámbito público. Diversas voces participaron desde distintos medios, incluido el nuestro. Por ello volvimos a preguntarnos por una serie de asuntos que nos han preocupado durante estos tres años, y por otros que recién nos interpelan. Creemos que la labor esencial del trabajo cultural no es publicar por publicar, en ocasiones repitiendo argumentos revisitados desde hace años, sino que es, fundamentalmente, ensanchar el mapa dentro del que se dialoga. Disputar la voz y el lugar desde donde emana, puede emanar o debe emanar es un llamado constante, que esperamos atender, y en el cual no nos daremos por enterados de nada para que el trabajo sea un búsqueda permanente. Como medio nos interesa nuestro campo, por lo que pensamos que lo mínimo en estas conversaciones, estos debates, cuando lo son, es hacer una revisión exhaustiva del problema previo a su problematización, porque repetimos: es un campo que se vicia fácilmente, y la exigencia propositiva de problemas es uno de esos vicios. ¿Dónde está la búsqueda de soluciones? ¿O es que solo respondemos ante la demanda, ante la exigencia? Esto no es un problema contingente, es uno de larga data. Sabemos que mejorar nuestros procesos requiere tiempo. Con todo, creemos que la palabra dicha no es el punto de llegada, el lugar desde donde se puede partir elaborando diferentes propuestas éticas, estéticas y políticas. Revista Origami aspira a ser un lugar, un espacio, donde lo anterior sea posible, para ello trabajamos y por eso nos sentimos convocadxs. Defendemos la palabra, el silencio, pero quizás sobre todo esas palabras que podrían ser silencios, pero no lo son.


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