No basta y por eso la prosodia
Rodrigo Olavarría
Presentación de El reverso del agua de Valentina Marchant
Quizás se suele usar la expresión “oficio poético” porque nuestra forma de dedicarnos a este arte de la poesía es casi idéntica a la de los gremios de la Europa medieval, esos talleres donde los niños se convertían en aprendices y envejecían súper rápido, siguiendo el camino de la maña y la destreza por el resto de sus vidas. Ese es el tipo de constancia que he visto en Valentina Marchant, su amor y el orgullo por un camino artístico que recorre con un rigor libre, sonriente y envidiable.
Este oficio, en que Valentina Marchant empieza a lucir los logros de su hallada madurez, le permite acometer una tarea que solo puede cumplirse con la lengua poética, su otra hermana. Ella dice: «el cuerpo de la escritura como único testigo del desastre». Yo digo que acomete la tarea de desplegar sobre el papel el corazón caleidoscópico de la deseante, la mujer que elige el movimiento y lo dúctil, el abandono de lo seguro para tentar límites que son tan geográficos como parte de la provincia del sueño y de un lenguaje que se desprende de los sueños como si fuera una materia orgánica, como un insistente goteo de imágenes y alocuciones deseosas de luz, que luchan con las sombras.
Al leer El reverso del agua (Libros del Pez Espiral, 2023), nos introducimos en sueños donde experimentamos el ahogo líquido del deseo, los inoportunos apremios de peces y espectros que se niegan a partir y que alborotan la cotidiana desidia. Anotamos: «Hay que romantizar el mundo, así se recupera el sentido primitivo». En boca de Valentina, el mundo es un bosque de símbolos donde incluso las calles conocidas pueden verse iluminadas por una luz nueva y revelar que arriba, abajo, alrededor y adentro hay agua.

La poeta Elise Cowen, poco antes de morir en 1962, escribió estos dos versos: «El cuerpo es una cosa humilde / hecha de muerte y agua». En estos poemas de Valentina asistimos a la verdad irremisible y casi mística de que dentro y fuera del sueño, dentro y fuera de nosotros, hay un cauce que nos habita y nos lleva, río abajo, a pesar de nuestras momentáneas rebeldías río arriba. Se trata de un cauce con un final demasiado concreto cuyo inevitable desenlace embellece cada autoerotismo vivido a la luz de una lámpara diminuta comprada a los chinos, cada romántica evocación de lugares perdidos y voces desaparecidas.
Estos poemas contienen certezas que de vez en cuando asoman la nariz y revelan la saludable tensión de un habla poética diestra en la opacidad que, al mismo tiempo, siente el generoso deseo de imitar al sol e iluminar, de mostrar lo que hay en estas oscuras habitaciones, el deseo de abrir la puerta del túnel donde una chica divaga y repasa sentidos y secuencias de hechos, el deseo de prender la cámara en una calle por la que una mujer avanza con la lengua afuera mientras su espíritu está en otra parte. Amo esa imagen, la de esa mujer y la de la mujer que sueña a esa mujer en una película antigua y la pone por escrito. Amo el romanticismo de esa imagen como también amo la categoría poética casualmente cool que despunta en estos poemas: «Y camino así, otoñal, con lentes oscuros y audífonos, mientras pienso en los intersticios que quedan, entre el cuerpo y la escritura, entre la voz y mi cuerpo».
Hacia el final de El reverso del agua, esta secuencia de poemas, de actos físicos y sensuales, de escritura donde vivir y escribir son una misma cosa, todo queda a la vista, la luz lo inunda todo y ‘no permite ocultar’. Las sombras se desintegran y, esto es muy importante, ya nada puede ser velado.
Alma Negra Librería, Providencia, 08 de noviembre de 2023
Valentina Marchant (Santiago de Chile, 1988). Poeta e investigadora. Ha publicado Tránsito ciego (Pez Espiral, Chile, 2013) y El reverso del agua (Comba, Barcelona, 2022; Libros del Pez Espiral, Chile, 2023). El 2020 gana la beca Chile Crea del Fondo del Libro y la Lectura para cursar el Máster en Creación Literaria en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Fue becaria de la Fundación Pablo Neruda (2010); obtuvo una mención honrosa en los Juegos Florales Gabriela Mistral (2012); y el 2023 se adjudicó la beca de Creación del Fondo del Libro. Actualmente cursa un doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona y codirige la revista literaria Saranchá. Reside en Barcelona.
Rodrigo Olavarría (Puerto Montt, Chile, 1979). Escritor y traductor. Autor del libro de poesía La noche migratoria(2005), las novelas Alameda tras las rejas (2010) y Cuaderno esclavo (2017); y el ensayo Apuntes sobre identidad de clase y canción chilena (2023). Ha traducido al español a autores como Kate Briggs, Anne Boyer, Gertrude Stein, Allen Ginsberg, William Burroughs, Herman Melville, Eileen Myles, William Hazlitt, Edgar Lee Masters, entre otros. Para el teatro ha traducido obras de Tennessee Williams, Arthur Miller, David Rabe, John Patrick Shanley, Eric Bogosian y Sam Holcroft entre otros. Tradujo al inglés la poesía de Rodrigo Lira en colaboración con Thomas Rothe y, parcialmente, a otros poetas chilenos. Suele escribir sobre literatura, cine y música en diversos medios y regularmente como crítico literario en Revista Santiago.


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