Lo sensitivo (es) presente
Sobre cosas que me han pasado de Marcelo Matthey

Macarena Bertoni

He leído Sobre cosas que me han pasado (Mansalva, 2013) más de una vez. Está lleno de trocitos que captan una capa de intimidad que podemos tener con las cosas, las personas, los espacios; lo que vemos.

Algunos de los pequeños relatos que contiene este libro, cuyos fragmentos bien podrían ser poesía en prosa, funcionan como descripciones expresivas de carácter altamente visual y táctil. Como si fuese una fotografía captada con esas palabras que también traen el efecto, de lo que se ve, a los otros sentidos. Por eso esta prosa aparece tan cerca de la experiencia que podemos tener de las cosas, sin nunca atraparla del todo. 

«me vine tocando algunas murallas de las casas que quedan en Grajales.

Así, puedo sentir más cerca de mí todas estas cosas, que son parte de lo que más quiero.

Cuando le doy la mano a otra persona me convenzo de que la puedo tocar.» (p. 81)

Las palabras de Matthey son sencillas y captan las cosas y el modo en que impactan en los sentidos. En sus palabras, la vista aparece como una vía facilitada para las descripciones que hace. Puede hablarnos de ese espacio de encuentro con lo cotidiano, con los objetos y los afectos que acompañan ese presente, aun cuando se trate de un recuerdo. Porque es la forma en que describe, el espacio conjunto de los objetos y los sentimientos que surgen ahí, lo que genera ese efecto de una prosa absolutamente presente. 

«me fijé en que una de las cosas que me gusta tanto del clavecín, en esta parte, es que va marcando el pulso parejo, y encuentro formidable que no entre al tiro con los demás instrumentos, sino que se haga esperar un poco.» (p. 19)

Parece un diario de vida o cuaderno de notas personales para algunos, a otros les recuerda las composiciones escolares. Todo esas características están en sus textos, son parte de su forma de escritura, pero lo más notable es que comparten esa intención de hacer y estar presente, de impregnarnos con su atención y percepción de estar en contacto con el mundo externo y su mundo interno. 

Más allá de las fechas de sus escritos en el calendario, todo lo escribe en un trimestre que va de fines del año 87 a comienzo del año 88 y de algunos meses desordenados del año 88 junto a otros no asociados a un año en particular. Todos están profundamente impregnados de ese presente y afecto claro y conciso, que surgió frente al espacio que describe y que ahora aparece en nosotros con total actualidad. Se acerca a las cosas y a escribir sobre ellas, relata lo que está ocurriendo o lo que ocurrió por medio de esta actividad altamente consciente. 

En la escritura de Matthey hay una invocación al presente, propia del relato activo de la sensorialidad en contacto con lo que percibe: objetos, afectos, recuerdos. Sin saberlo parece emprender consigo mismo la actividad/investigación, que Sigmund Freud formula como tarea del analista en «Recordar, repetir y reelaborar»: «estudiar la superficie psíquica que el analizado presenta cada vez, y se vale del arte interpretativo, en lo esencial, para discernir las resistencias que se recortan en el enfermo y hacérselas conscientes».

Matthey da cuenta del impacto en la superficie psíquica del contacto sensitivo al mundo y la elaboración de aquello que sale del espacio de la repetición mecánica. A partir de allí puede reproducir, en una actividad consciente cómo el relato, algo que quizás haya sido del orden de lo inconsciente. 

«En la noche de ayer, jueves, mientras me venía al Tabo, me puse a pensar en lo que se produce en mí durante los viajes, al ver, desde los vehículos que me llevan, las casas con las luces prendidas a la orilla del camino, y ver también a la gente que está en ellas. Lo que siento no puedo expresarlo, no sé lo que es, pero me tinca que a lo mejor tiene que ver con cosas que me pasaron cuando era chico…Me gustaría saber algún día qué es lo que me causa esa sensación tan particular, y que siento, más que nada, cuando las casas que veo están en los campos» (p.26).

Freud y luego Wilfred Bion describen una técnica que permita trabajar con el material del paciente posibilitando la interpretación. Freud habla de atención parejamente flotante frente al material que trae el paciente. Esta técnica apuntaría a no fijar(se) nada en particular, y prestar una atención pareja a todo lo que el paciente diga.

Bion propone una fórmula para dar cuenta de esta técnica y refiere la importancia de ir al encuentro analítico «sin memoria y sin deseo». Es decir, tener la disposición de librarse del recuerdo y el deseo, cómo condición para que la atención efectivamente sea pareja frente al material que el paciente trae cada sesión. Disponernos entonces a escuchar en el aquí y el ahora lo que sea dicho; percibido. En definitiva, acercarnos a ese material que se presenta y atender a éste sin preconcepciones ni intentos de hacer calzar el relato del paciente con ideales o teorías. Ir a percibir lo dicho allí sin el deseo de un resultado particular, una interpretación, por ejemplo, para esa sesión.

Librarse del recuerdo y el deseo, que como dirá Bion, son sustantivos que nos colocan en el pasado o en el futuro, será una manera de disponernos a estar allí. Sólo así podremos ver y escuchar a ese objeto/paciente presente y eventualmente interpretarlo. Generar un relato, permitiéndole acceder de manera consciente y presente a mociones que no lo estaban. A partir de ese movimiento podrá el paciente reproducir, elaborar el relato de un recuerdo, que sólo puede hacerse en el presente. 

Bion nos señala que librarse de la memoria y el deseo no es a expensas de la propia personalidad. Este punto es clave y hace eco en la escritura de Matthey que, sin saberlo, realiza este ejercicio en su escritura y en el encuentro con lo que le rodea, sin que nunca sea a expensas de su personalidad. 

Este efecto, esta consciencia casi excesiva y, por tanto, presente, puede ser una marca fundamental de su escritura. Tiene la lucidez que le permite dar cuenta de eso sensitivo que avanza un paso más entre lo que vemos y una fotografía de lo visto, una línea más de intimidad hacia adentro. Sin acceso total, pero con la habilidad de hacer avanzar de alguna manera algo de esas mociones del alma a comparecer al terreno presente.


Macarena Bertoni Fiorini (Santiago, 1979). Psicóloga Clínica de la Universidad de Chile de orientación psicoanalítica. Diplomada en traducción literaria de la Universidad Católica (2021). Desde el año 2011 ha colaborado con el director teatral Cristian Plana en el análisis de texto y la estructura de los personajes a través tanto de algunas nociones psicoanalíticas como de obras literarias. Entre estas colaboraciones se encuentra el análisis de texto para las obras Gastos de representación y yo soy el cartón que hace que la mesa no cojee del dramaturgo chileno Alejandro Moreno Jashés, Muestra de Dramaturgia 2014 y 2018, y de la obra la vida que te di (2021) presentada en GAM.  En 2019 junto al mismo director realiza la adaptación dramatúrgica de la obra Excesos, coproducción con GAM para su programación 2019.Durante el 2022 realizó, junto al colectivo recién egresado de teatro de Universidad Mayor, el fundamento teórico para la puesta en escena de Esquilo en Matucana 100. El año 2023, colabora en la asesoría teórica de la obra de danza Formas Monstruosas de la compañía Núcleo Blanco.

Marcelo Matthey (Santiago,1959). Es ingeniero civil hidráulico de la Universidad de Chile. Estudió también antropología en la misma universidad, y ha trabajado haciendo investigaciones sobre pueblos perdidos del sur de Chile. En 1988 publicó, él mismo, Todo esto lo escribí entre diciembre de 1987 y marzo de 1988, y en 1990 Sobre cosas que me han pasado.

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