Presentación de «Microrrelatos: reconstruyendo nuestro camino habitacional»
Arianna de Sousa-García
El 28 de mayo se realizó el lanzamiento del libro «Microrrelatos: Reconstruyendo nuestro camino habitacional», en el campus Lo Contador de la Pontificia Universidad Católica de Chile. La obra es el resultado de un trabajo conjunto realizado por CEDEUS (Centro de Desarrollo Urbano Sustentable), docentes y estudiantes del colegio Esperanza Joven de La Cisterna, donde plasmaron sus vivencias en torno a las trayectorias habitacionales de sus familias, historias de vida que han marcado sus patrones de movimiento desde temprana edad.
La ceremonia contó con la participación de la periodista y escritora Arianna de Sousa-García, autora de Atrás queda la tierra (Seix Barral, 2024), el siguiente texto contiene las palabras que le dedicó a la audiencia compuesta en su mayoría por estudiantes de 7mo básico, autores de los 22 relatos que son parte de la colección. El libro se llevó a cabo gracias a la iniciativa Travesías CTCI, impulsado por el Proyecto Asociativo Explora de la Región Metropolitana Sur Oriente y están disponibles para libre descarga en el sitio web de CEDEUS.

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Jóvenes escritores:
Me gustaría que hoy pensáramos una pregunta: ¿para qué escribir?
Hace casi treinta años, cuando yo recién comenzaba mi camino escolar, veía muy poco a mi padres. Nací de la inexperiencia de dos adolescentes que tuvieron que crecer demasiado rápido, así que crecí bajo el cuidado de mis abuelos. A mi madre entonces se le ocurrió regalarme una revista cada vez que nos viéramos, solía ser los domingos. Esa revista era Condorito.
Nunca las leí de inmediato, hacía otras cosas en el día a día. Me gustaba pintar cerámica, jardinear, revisar el diario, vestirme exageradamente para tomar el café en la tarde. Pero a veces, cuando extrañaba a mi madre, generalmente de noche, tomaba una revista, la abrazaba, y después de descargar en el papel el amor desbordante, la leía. Leía 1, 3, 7 revistas. Leía y olvidaba que extrañaba a mi madre, o quizás no, pero el dolor pasaba. Me reía muchísimo, leía palabras que no tenía idea qué significaban pero cuya sonoridad me causaban la gracia y la curiosidad suficiente para al otro día buscarlas en el diccionario y usarlas en el colegio. Leer Condorito en las noches es uno de los recuerdos más felices de mi infancia.
Después de Condorito vino el Popol vuh y la Odisea y después de eso el mundo. Nunca paré de leer. Convengamos que la mayoría de los adultos piensa que las historietas no constituyen una lectura real. Me he visto pensando esto, incluso diciéndolo, me he dicho ridícula a mí misma por estos pensamientos tan cortos de imaginación porque la verdad es que gracias a Condorito pienso que cada lectura tiene un lector y que todas las personas pasamos por momentos en los que podemos, con un poco de suerte, convertirnos en lectores. Que toda puerta sirve. Leer para mí significó aprender a estar conmigo misma, mis sentimientos, mis pensamientos, a reír minutos después de llorar, a entrar en otros mundos y dejar el mío un rato, estar a salvo, cuidarme de la calle, conocer otro tipo de horrores u otras maneras de llamar a las cosas o enfrentarlas. Darle una oportunidad a la lectura, insistir hasta encontrar ese libro o revista que vibra junto a una misma, encontrar la puerta propia, es otorgarse recursos para la subsistencia.
Creo que por eso escribo. Escribo sobre migraciones, injusticias, miserias, violencias. Creo que si lo hiciera únicamente para denunciarlo o dejar registro sería activista o abogada, pero soy escritora. Entonces hoy, mientras escribo esto, también se me hace claro que escribo para acompañar a otras, otres, otros, para ojalá tener el honor algún día de ser la puerta de alguien, estar ahí para otras personas. Trabajo la palabra para generar curiosidad, para ser un refugio, para decirle a alguien que no está solo.
Celebro la escritura de todos ustedes y la existencia de este libro porque, no solo su lectura hará compañía a sus lectores, sino también y sobre todo, porque estoy convencida de que somos nosotros, las personas migrantes, quienes debemos contar nuestras propias historias. Hoy los celebro a todos y cada uno de ustedes y su trabajo, jóvenes colegas escritores.
Arianna de Sousa-García (Puerto La Cruz, Venezuela, 1988) es periodista y magíster en escritura narrativa. En 2016 ganó el Premio Jesús Márquez del diario El Tiempo, por su trabajo de investigación relacionado a la cadena de control alimentario en Venezuela. Está exiliada en Chile desde 2016 y trabaja como librera. Es cofundadora de Casajena editoras y forma parte del colectivo de escritores Traza. Atrás queda la tierra (2024), su primer libro, fue publicado bajo el sello Seix Barral.


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