Del hábitat que construye el delirio para sí mismo

301/401 de Zuleta Vásquez

joan villanueva

«Fragmentos de esta clase son semillas literarias. Bien puede ser que se encuentre entre ellas algún grano vacío, ¿pero qué importa si una no prende?»

Novalis

El delirio como punto de resistencia

Camino entre las calles de La Paz (la ciudad-hueco) y cargo bajo el brazo un libro de poemas que parece no estar al servicio de la representación de la realidad, ni siquiera al de la realidad inmediata de su autora. La voz poética no es nada intimista en algunos puntos: 

«Buscan invisibles cadáveres 

en la patria de Chile» («370»)

«Aquí habitamos los fantasmas

en la bóveda maciza de los muros, 

negados de palabras, / habitados por los gatos,

en la absoluta soledad del corazón» («325»). 

Más bien parece tratarse de bocadas de un delirio que han podido entrepapelarse y que están debidamente numeradas. 

Encuentro allí el punto de resistencia a los afanes representacionistas de cierta poesía contemporánea: son más enunciativos que temáticos los papeleos entre los que se enreda 301/401 de Zuleta Vásquez. En el libro, el lenguaje irrumpe, se acorta, se achica, y cada poema está encerrado entre los límites que se le imponen: un número y otro. Entre los poemas y los vacíos repta un delirio que cava su propia fosa: 

«No tengo conocimiento de nada, 

y en el hondo conocimiento de mi nada 

te he construido» («302»).

El delirio encerrado entre los poemas «301» y «401» es accidentado, laberíntico, rapsódico: 

«Dentro de mi albañil cuerpo 

guardo mariposas,

trinares de gaviotas

y piedras a mi cráneo hundido, 

brotado de palabras» («335»)

Aquel cautiverio en el que se desborda este delirio, además, es un cautiverio sentido como doloroso, pero también amoroso: 

«Inmersos estamos, 

profundo vamos, 

y arrasados» («370»)

Aunque la obra de Zuleta Vásquez es liminal y escapa a las clasificaciones, hay algo que se puede decir de 301/401 y es que es un libro violento. Violento como lo que no pertenece a ninguna parte y como la apertura al otro: violento como todo desarraigo, como todo amor. Quizás sea aquel delirio, desarraigado y amoroso, el punto de resistencia a la representación sobre el que la voz poética de Zuleta Vásquez construye su hábitat.

Un «capricho memorable»

Frente a la situación del fragmento de 301/401, la primera tentación que asalta a la lectora es la de imaginar el resto del trabajo con retazos (patchwork). Metonímicamente, la lectora busca aquel todo al que cada poema pueda pertenecer. ¿A qué totalidad pertenece este texto? Cada poema de 301/401, a primera vista, debería ser parte de algo más.

Es cierto. Al leerla, por un lado se intenta completar en la imaginación el todo de esta escritura; pero, por otro, los poemas parecen no pertenecer a nada más que a una suerte de «capricho memorable» (así lo llamaría William Blake). En 301/401, se disputan el espacio dos deseos sobre la obra: el deseo del orden del lenguaje, el deseo del logos, y el deseo de todo aquello Otro que está por fuera del orden del lenguaje. Podría llamársele conjunto vacío: el resto de la página en blanco, el silencio de quien lee o el sonido de fondo de donde lee.

Lo que está por fuera de la escritura de Zuleta Vásquez perfora el lenguaje y se refugia en figuras cóncavas: 

«Las cosas que escriben mi rostro 

son las tumbas que se abren» («344»)

«La ausencia es un animal feroz de orgullo, 

se come así mismo. 

—Desde adentro—» («308»)

Aquellos espacios, también llamados huecos o heridas, que en apariencia son una falta, son lo que da paso y potencia a aquello que está en cada acto particular de lectura de esta obra. Y aquello único en cada lectura es lo que sangra entre esas cavidades, pues

«Existe esa conversación interna, 

que no tiene invitados, 

que sangra sola 

como nariz enferma» («386»). 

De placer y goce del delirio: de tal talante es el capricho memorable de 301/401.

Lo amoroso 

La voz poética lo dice: «Las instrucciones son nefastas para un gesto de cariño» («400»). De nuevo, el orden del lenguaje y lo que está por fuera del orden del lenguaje se enfrentan. Zuleta Vásquez, en un conversatorio, dice que sus poemas son «para que mis hijos me recuerden, para que sepan quién fue su mamá y para las personas que me conocieron». En Fragmentos de un discurso amoroso (1977) Barthes decía que querer escribir el amor es realmente afrontar el embrollo del lenguaje: «esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco, excesivo (por la expansión ilimitada del yo, por la sumersión emotiva) y pobre (por los códigos sobre los que el amor lo doblega y lo aplana)». El delirio de 301/401 consiste en acercar el orden y lo que está fuera de él. Lo excesivo y lo escaso es, precisamente, donde encarna lo amoroso en esta obra.

Si el capricho memorable es el que crea perforaciones en el lenguaje, lo amoroso se mueve, más bien, por los huecos de la carne: 

«Mientras más callado estoy,

se abren húmedos los pedazos de mi carne» (355)

Estas heridas, si bien son dolorosas, también son el espacio en que el delirio se hace de un hogar: 

«En este pedazo de caos

donde sembré mi casa, 

creé las ratoneras por donde se iba la sangre, 

y me asomaba por ellas observando gente» (378)

En ese hogar es donde la voz poética convive con lo amoroso. Tal es la profundidad con la que cala 301/401.

El hábitat de la voz poética en 301/401

El delirio (y el genio) de 301/401 es el que abre ciertas heridas (en el lenguaje, en el cuerpo) y que crea las canaletas numeradas por donde él mismo podrá circular. Estas heridas y las canaletas, como semillas literarias, se esparcen ligeras por la obra de Zuleta Vásquez. Bien alguna de estas heridas podrían abrírsenos, o bien no. Y, a pesar de todo, la apertura de las heridas, tal como la escritura, a decir de Barthes, «no compensa nada, no sublima nada», sino que «es precisamente ahí», en la ausencia de un «donde no estás» donde está el comienzo de la escritura». 


joan villanueva (1992). Escribe poesía y se autopercibe extranjera. Nació y vivió la primera infancia en la antigua Unión Soviética, en el seno de una familia de migrantes bolivianos. Ha publicado los libros: la trama artificial (premio Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, 2023) y calzar la sombra (premio Franz Tamayo, 2023). Actualmente trabaja en la obra intelligentsia y se dedica a la construcción de una vida alrededor de la escritura. 

Zuleta Vásquez (Antofagasta, 1979): Hija de pescador, escribe desde temprana edad, acompañando sus letras de dibujos y pinturas. Ha publicado los libros 101/201 301/401, ambos por el sello Ediciones Hurañas, reeditados en la Colección Pleamar de Pampa Negra Ediciones. Su nombre figura en revistas y antologías, entre estas últimas, “La poesía del norte de Chile”, compilada por Daniel Rojas Pachas para la revista Medio Rural, y recientemente: El Faro. Poetas de Norte a Sur. Voz poética de la mujer en Chile, 1980-2022. 

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