Una lectura es una lectura

Padre es un padre de Álvaro Becerra[1]

Alcides Castro Lizárraga

no sirve de nada conquistar el mundo si se ha perdido la infancia.

André Bazin

En El rechazo al cierre, un texto de 1985, la poeta estadounidense Lyn Hejinian define qué es un texto «cerrado» y qué es uno «abierto». El primero es ese tipo de texto donde todo apunta hacia una lectura única, en el que no hay espacio alguno para la ambigüedad; son textos que se agotan rápidamente y que, por desgracia, abundan en el panorama poético actual, libros que nos dicen, gritan a la cara, así tienes que leerme. Por el contrario, Hejinian define el texto «abierto» como el que está «abierto al mundo y particularmente al lector (…) invita a la participación, rechaza la autoridad del escritor sobre el lector». Este es el caso de Padre es un padre (Pez espiral, 2023) de Álvaro Becerra. 

En este, su primer libro, el autor mezcla formas poéticas. Estas podrían dividirse entre poemas en verso y en prosa, dos formas que se intercalan en el desarrollo del libro mientras se configura la imagen del padre. En los poemas escritos en párrafos, sobre todo, Becerra utiliza la repetición, un recurso que, retomando a Hejinian:

desafía nuestra inclinación por aislar, identificar y limitar la carga del significado dada a un evento (la oración o línea). Aquí, donde ciertas frases se repiten en el trabajo, recontextualizado y con nuevo énfasis, la repetición interrumpe el esquema de significado inicial aparente. La lectura inicial es ajustada; el significado se pone en movimiento, enmendado y extendido, y la re-escritura en que se transforma la repetición pospone la realización del pensamiento de manera indefinida.

Pero la repetición no basta para «abrir» un texto. Padre es un padre es un libro que a primera vista podría pasar por otro más en la larga lista de la poesía confesional; un poeta escribe sobre su relación con su padre: no hay distancia entre el yo real y el yo del poema, son lo mismo. Si fuera así, estaríamos frente a un texto cerrado, en el cual para el lector no hay espacio para nada más que una ligera sensación de compasión. No es el caso. Los poemas nos lo muestran desde el inicio: el padre aparece como una figura compleja, matizada, como muestran estos versos que hablan de una cercanía que luego será distancia:

de niño al visitarlo jugaba

entre lianas y pantalones, pendían

lo pies desde el mesón

mezclilla desbocada

de joven nos unía (11)

Se resiste, entonces, el libro a la simplificación de «padre = mal». Así, la figura del padre se abre más allá de ser una suma de características negativas. Esto es posible, entre otras cosas, debido a un punto que trataré a continuación; padre en el libro de Álvaro Becerra es una figura que sobrepasa la posible relación unívoca con el padre real del autor de carne y hueso. 

Los mismos poemas hacen explícita esa ¿superación? de la figura del padre: «No es mi padre de quien hablo él no está» dice uno de los versos del libro. El autor utiliza un epígrafe del poema «Freud» de El Ghetto de Tamara Kamenszain para introducir el último poema. En «Kaddish», otro poema del mismo libro, Kamenszain se pregunta reiterativamente «¿Qué es un padre?», una pregunta que aparece sin respuesta en los versos que continúan, o con respuestas que contornean, bordean, la verdadera cuestión. Algo similar ocurre en el libro de Álvaro Becerra, donde la pregunta no aparece explícitamente, pero parece rondar los poemas siempre. La interrogación sobre qué es un padre abre dos posibilidades: una con un valor personal, la de un yo-hijo que se interroga a sí mismo sobre las características de la paternidad. Pero, a su vez, la pregunta en su indeterminación parece volverse (contradictoriamente, incluso) colectiva. Becerra no (solo) escribe de su padre, sus versos transitan del yo al nosotros, del singular al plural. Padre es un padre funciona entonces doblemente, como una poesía personal pero también como una poesía del nosotros. Retomando el verso citado al principio de este párrafo, escribe de padre que en su indeterminación es todos los padres, todos y ninguno. Entonces la pregunta que nos acecha se vuelve colectiva: ¿qué es un padre?, nos preguntamos nosotros, me atrevería a decir casi generacionalmente:

no es mi padre de quien hablo él no está ni estoy en esto

porque padre no es mi padre no es padre exactamente (10)

Si padre puede ser otro padre, o lo que es lo mismo, el tú puede ser otro tú, está implícita la operación opuesta; parafraseando a Rimbaud: yo puede ser otro. El yo de los poemas excede el yo autoral, si el padre puede ser cualquier padre, el hijo puede ser cualquier hijo, llámese Álvaro Becerra, Mauricio Caroca o Alcides Castro, en el mismo poema citado antes, leemos:

no es mi padre el de este libro ni soy yo quien dice esto

me pregunto quién escribe cuando escribo y no soy yo (10)

Mencioné antes que el hijo del libro podría ser cualquier hijo y ejemplifiqué con dos nombres «de hombre» no por casualidad. Creo que el libro está atravesado por una profunda reflexión –no parece ser la palabra adecuada– sobre lo que denominaríamos «masculinidad». A lo largo de los poemas Padre aparece asociado a elementos típicos de la masculinidad hegemónica: la carne, el trabajo y el dinero, los autos y manejar. Por el contrario, el hablante parece siempre un visitante de estos espacios, sentado en el asiento del copiloto: 

en la cabina delantera

esperamos que el motor entre en calor

esquivamos preguntas, sostenemos

un hogar donde el silencio 

es un hombre que habita entre los dos (19)

O mirando como Padre prepara el asado: «bolsas de carne congelada en el mesón de la cocina / televisor cena el noticiario de las nueve // (…) // otras noticias no se oyen forman anillos / el domingo padre prende fuego a un maricón» (18). Destaco estos versos también por el recurso de la dilogía de «maricón» en sus dos acepciones tan chilenas ambas, otro procedimiento que abre el texto a lecturas posibles.

A partir de lo anterior me gustaría cerrar este texto con un pequeño inciso que ya deslicé previamente. No es mi intención convertir esta lectura en un comentario sociológico, y aunque así lo fuera tampoco tengo las herramientas necesarias, pero ahí va: Padre es un padre da cuenta de una cuestión generacional. En una conversación acerca del libro alguien me hizo notar la proliferación de textos escritos por hombres sobre la figura del padre, hecho que más allá de ser una simple coincidencia me parece que da cuenta de una preocupación en boga. Menciono aquí tres libros autores que trabajan el tema con propuestas distintas entre sí, pero acercándose desde la poesía, lejos, claro está, de ser una lista exhaustiva[2], hay muchos más rondando por ahí: Sigo escondiéndome detrás de tus ojos (Fondo de Cultura Económica, 2019) del poeta mexicano César Cañedo; Un libro que no existe (Provincianos, 2021) de Gustavo Barrera Calderón; y Ensayo sobre el padre débil (Viuda Negra, 2023) de Christopher Rosales. A estos nombres hay que sumarles, obviamente, a Álvaro Becerra. Ahora bien, no estoy diciendo que escribir sobre el padre sea algo nuevo o particular de esta o cualquier generación, sin ir más lejos tenemos la figura ineludible de Kafka, el hijo por antonomasia de la literatura universal, pero sí me parece y sostengo que en estos textos asoma una problemática particular que guarda relación con un asunto de época. La puesta en la palestra de ciertos conceptos (masculinidades en plural, género, y un largo etcétera que les lectores intuirán) ha abierto una brecha entre generaciones de hombres en la cual estos textos parecen encontrarse. No digo que Becerra y los demás autores escriban contra el padre y su masculinidad tóxica, eso sería simplificar la cuestión hasta la tontera. Más bien no afirmo nada tajantemente, solo me pregunto qué sucede y qué está(n) diciendo esta(s) escritura(s) ¿Son una forma de acortar la distancia, nombrada en Padre es un padre, que parece gigante con los progenitores? ¿Estamos buscando en los textos nuevas formas de comportarnos, de elegir nuestros modos de ser hijos, padres? ¿Es la forma de amigarnos con lo masculino o el modo que tenemos posicionarnos en contra? ¿Es simplemente el único escape para exorcizar el daño? Aquí, por ahora, no hay respuestas. 

si besas pinchas

aun con un lenguaje dislocado

fijarte en el poema y horadarnos

hebras de un lado a otro 

entre toda esta distancia 

intento evitar el deterioro (26).


Álvaro Becerra (Los Ángeles, 1991). Ha sido becario de la Fundación Pablo Neruda y del Ministerio de las Culturas, Las Artes y el Patrimonio. Padre es un padre es su primer libro.


[1] El camino que tomó este texto solo fue posible gracias a las conversaciones que tuve acerca del libro tratado. Dejo esta nota como agradecimiento a esas personas que con sus ideas y lecturas abrieron senderos que caminar y, también, para mostrar que la escritura es una actividad bastante más colectiva de lo que se suele pensar.

[2] Revisando el texto pienso en Daniel Lipara y su libro Como la noche dentro de los ojos publicado por Bisturí 10, que si bien excede la temática hay varios poemas donde aparece la figura del padre.

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