«Tienes que hacerlo no más»
Entrevista a Catalina Bu
por Rocío Abarzúa

Catalina Bu por María Belén Moreno @mariabelenm

«Estaré enferma? No quiero saber. Al menos tengo las uñas lindas». Así termina la suerte de prólogo de Nadie como tú, última publicación de la dibujante y narradora chilena Catalina Bu, abriéndonos al universo lleno de incertidumbre de una protagonista acosada por imágenes horrorosas y bellas, pero que trata de mantenerse optimista. «Ya. En general me siento bien», nos dice en otra página, con un dibujo de expresión amable, pero que no quita del todo la duda de si lo que estamos observando es en realidad tensión. Las manos cruzadas en lo que puede ser verdadera tranquilidad o un gesto armado, la sonrisa una línea fina que puede pasar por mueca.

El libro, publicado por la editorial española Fulgencio Pimentel, llegó a Chile a tiempo de presentarse al público en un lanzamiento realizado el pasado 13 de abril en la Librería del GAM. Organizado por Liberalia Ediciones, la distribuidora de la editorial en nuestro territorio, el evento desbordó el espacio, con cientos de asistentes que escucharon atentos las presentaciones de Paloma Salas y Maliki, las palabras posteriores de la autora. Yo llegué temprano para guardar asiento e hice fila para que me firmara el libro. Esa misma noche, tras llegar a casa, lo leí con la curiosidad y el entusiasmo que una buena presentación inyecta en los lectores. 

Las palabras de Catalina me habían quedado dando vueltas. Y al llegar a la última página del libro, fue un placer observar que estaba siendo testigo de las mismas ideas, narradas de otra forma, en el papel. A veces sentimos horrores que nos paralizan, miedos que nos abruman, penas que nos desbordan, pero un día acaba y empieza otro, y ese otro día nuevo puede traer belleza y ternura. «Pasan cosas en un orden aleatorio, se van acoplando», la vida es fea, la vida es linda, la vida, frecuentemente, lo es todo a la vez. Y cuando se vuelve demasiado, «después se me pasa, así como se pasan todas las cosas». Una lección simple, pero acaso la más sabia: ser paciente, confiar en el propio criterio y en los propios proyectos, acompañarse, seguir adelante.

Foto por María Belén Moreno @mariabelenm


Rocío: A diferencia de tus libros anteriores, en que ambos elementos tienen igual protagonismo, en Nadie como tú pareciera que la imagen invoca los textos, que los textos llegan más tarde que los dibujos, o que los dibujos mandan. Además, el trazo es distinto, más sencillo, más sucio, pero a la vez mantiene una consistencia y una familiaridad con tu obra anterior. ¿Nos puedes hablar un poco de cómo fue el proceso de hacer este libro? Y, ligado a esto, de esta percepción que queda en el lector de que, en comparación con los otros libros, el dibujo viene primero, es decir, antes que el texto. 

Catalina: Hay una familiaridad en la simpleza del trazo, en el gesto, claro. De hecho, algo que me daba miedo a veces era parecerme mucho [a mí misma], pero la percepción de uno siempre es muy distinta a la de los demás. Por lo mismo, el proceso fue errático. Como empecé el libro durante el aislamiento, este influenció o exageró la soledad del trabajo, que es algo que me pasa mucho. Además, como, no sé si por pudor o por respetar el proceso o por supersticiosa, no le mostré el libro a mi editor hasta que casi estaba terminado, eso también me mantuvo muy sola. En ese sentido, fue un proceso tedioso, porque estar tan encerrada con los propios pensamientos se termina transformando en un ruido aterrador. Pero también me permití muchísima libertad, que es algo que hago en este tipo de proyectos: ir avanzando intuitivamente, a medida que me daban ganas de dibujar. Inconscientemente se va armando una narrativa, pero yo creo que se parece más a la narrativa de alguien que documenta y luego edita. Por supuesto existen puntos de vista y tal, pero por lo menos mi trabajo se va armando un poco así, como un documental. Al final tienes todo este material y ahí le das una especie de narrativa. Por esto, el proceso fue muy incierto, lo que parece que es normal (risas). He visto que a harta gente le pasa, a autores que a mí me gustan mucho les pasa también. Tuve que entender que parte del proceso era estar completamente perdida y hoy creo que igual es parte de la gracia.

Y respecto a la segunda pregunta, sí, totalmente, y de hecho, eso también habla de cómo se hizo el cómic. Intenté hacerlo de una manera más tradicional, lo que implica escribir una especie de guion, pero fallé en ese intento, que era también un intento de cambiar cómo yo me imagino las cosas, que es con imágenes. De alguna manera, escribí el libro dibujándolo, porque no pude hacer un guion. Cada vez que hacía un punteo, extrañamente se me hacía muy tedioso, no me daban ganas de dibujarlo. Entonces tenía que empezar a dibujar. Y así me llené de bocetos y de ideas, que para mí son un lenguaje mucho más natural. Bueno, los dibujos siempre vienen acompañados de una especie de ruido, porque por más que las ideas sean imágenes, yo me imagino los diálogos. Pero yo tenía que dibujar. Los textos, de hecho, por lo mismo, cambiaron muchísimo. Porque de repente quería transmitir una idea y me imaginaba un texto, pero luego sentía que había que cambiarlo. Por eso también decidí ponerlos por fuera: por la indecisión de escribir lo que correctamente le viniera a la imagen. Luego eso fue parte de la gracia del libro, porque el que estén por fuera genera una atmósfera muy distinta, permite ver las imágenes muy claramente, como en primer plano.

Detalle interior

R: Sí, se nota. Voy a pasar a la segunda pregunta, porque quizás también un poco que ver con esto. También a diferencia de Diario de un solo y En blanco, en que los dibujos conforman viñetas breves, aquí se cuenta una historia a lo largo de todo el libro. ¿Cómo fue esta experiencia haciendo una novela gráfica más larga versus recopilar varios pedacitos?

C: Es distinto, pero como encontré esta manera de hacerlo como un documental, se pudo armar, al final tenía sentido. Es interesante, porque yo trabajo con una carpeta con folios, que te permite mover las cosas. Una escena cambia mucho todo dependiendo de si la pones adelante o la pones atrás. No cambia tanto la esencia de cómo se trabajó [el libro], cómo se trabajaron las ideas, pero sí la manera en que fui juntando el material, que me permitió hacerlo algo que se parece más a una novela. Pero, por otro lado, también creo que podría ser un proceso parecido [a los libros anteriores]. Porque las escenas, a pesar de que son lineales, y que conforman un todo, se cortan con mucha brusquedad, que es algo que yo también buscaba. Creo que la vida es un poco así, los días se van cortando y pasa una cosa al lado de la otra sin una especie de arco narrativo. En el fondo, la manera física en que armé el libro me permitió darle forma: la carpeta, la edición.

Aunque uno crea que está haciendo algo, y aunque uno haga un guion, las cosas siempre cambian. Y esa es la gracia igual. Yo creo que ese es el miedo que uno tiene, uno cree que no puede cambiar una idea cuando ya la empezó, pero me atrevo a pensar que la mayoría de las películas o los libros empiezan con una idea completamente distinta a lo que son y por casualidad, después, se va armando otra cosa. Eso, a mí al menos, me relaja mucho. Pero cuando uno se enfrenta a un proyecto, uno no piensa en eso: uno no piensa en disfrutar el proceso, uno no piensa en que no hay que pensar en la obra final, sino que hay que ir cachando en el camino. Uno se aterra con el resultado final y por lo mismo, a veces, nunca se embarca en el proyecto, pero yo creo que la mayoría [de los proyectos] empieza con otra idea, cambia, y permitirse ese cambio es la única manera de hacer algo que sea genuino y no forzarlo por una idea que tal vez ya no es la misma. Uno va cambiando, pasan cosas, se va encontrando, o va entendiendo hueás en la mitad del proceso, y no permitir ese cambio sería un error.

Hay autores que tienen las cosas mucho más claras. Supongo que ellos persiguen una obra porque quieren producir ciertas cosas, pero, como te decía, yo no tengo idea de lo que estoy haciendo hasta que lo termino. Entonces si me empiezo a fijar mucho en cómo va a quedar o qué es lo que realmente quiero transmitir, empiezo a mentirme y empiezo a pasarlo mal. 

R: Claro, la idea no es pasarlo [tan] mal. Mi próxima pregunta tiene que ver con tus editores para esta obra: ¿cómo fue trabajar con una editorial tan destacada en el área de la novela gráfica como lo es Fulgencio Pimentel? 

C: Fue muy bonito trabajar con personas que tuvieran tanta delicadeza en lo que hacen y se lo tomaran con tanta pasión. Siempre pienso que los editores tienen tantos autores, mientras que uno tiene a veces un solo editor en el momento. Por eso, la relación no siempre es tan igual. Pero con César y con el equipo de Fulgencio Pimentel era extraño, a veces me llamaba muchísimo la atención de dónde sacaban tiempo para darle tanta atención a un libro cuando tenían como ocho libros más al mismo tiempo. Sobre todo, el trabajo casi inmersivo de César.

El libro en parte es como es y tiene la delicadeza que tiene por él. Si lo hubiera hecho yo, si yo hubiera sido mi propia editora –que es algo que pasa mucho, la autoedición es una opción importante. Yo la encuentro muy romántica, todavía sigo autoeditando mis fanzines, y es un camino que creo que nunca hay que dejar, pero también tiene mucho eso de estar solo. En el momento en que trabajé con César, fue súper valiosa su mirada, porque también él permitió que el libro fuera mucho más real. Yo probablemente lo hubiera manipulado por vergüenza, por miedo a hacer algo un poquito más fuera de la norma. Tal vez nunca hubiera dejado los textos por fuera, hubiera limpiado mucho más la imagen, y tener a alguien que esté tan metido en el proyecto y que lo entienda tan bien… Eso es lo heavy. Como te decía, yo creo que está bien que a veces uno no tenga claro lo que está haciendo, porque creo que hay mucha verdad en eso, en hacer las cosas como por un impulso, por una urgencia. Pero él me entiende muchísimo, yo me atrevo a pensar que a veces me entiende más que yo misma. Y eso, para mí, es muy valioso. Porque, entonces, yo tal vez no necesito entenderme tanto, no necesito analizar tanto. De hecho trato de trabajar y separar el análisis de lo que estoy haciendo, porque en el momento en que se me juntan, se arruina el momento.

R: Te paraliza, ¿no? Pero bacán tener esa figura de alguien que ve la obra con la misma cercanía, casi, que tú, pero con otra mirada.

C: Sí, y él lo hace así con todos sus libros. Ellos: Berni, Joana, César, Daniel. Es un equipo que hila muy fino. Y lo hacen así con todos sus autores. Por eso cada libro de Fulgencio Pimentel es muy distinto. La elección del papel, la elección de la portada. No hay una uniformidad. Y eso es porque a todos sus libros le dan la importancia y la delicadeza que merecen y yo creo que como autor, eso es un lujo.

R: Sí. También está lo que mencionaste en la presentación, que el papel que escogieron no es blanco, que es algo muy sutil…

C: O que la portada no tenga barniz, por ejemplo.

R: Claro. O el lomo, que se abra bien; la solapa posterior, que tiene un dibujo extendido al abrirla… Todas esas cosas hacen de la experiencia de lectura algo muy rico, y del libro un objeto muy especial, que dan ganas de poner encima de todos los otros libros en el mesón.

C: Sí. Queríamos también que el libro…–Yo me lo imaginaba como si fuera un libro antiguo, como si fuera algo que uno se compra en un lugar de antigüedades, y creo que eso lo lograron también. La portada, por ejemplo, está impresa en un papel que pidieron a Italia. Él [César] es una persona muy excéntrica y es alguien que desde ese lugar puede percibir cosas que a veces uno no.

Detalle portada

R: En la presentación del libro hablaste del miedo. Mencionaste esto de que el miedo se puede manifestar de distintas formas, no solo a través del nerviosismo, sino también del mal genio, el sueño o estar deprimido. También señalaste que, en tu experiencia, suele darse que cuando algo te da mucho miedo, en el trabajo, en general suele tratarse de algo que vale la pena hacer, un muro que se está rompiendo, un límite que se está abriendo. ¿Nos puedes hablar más de esto?

C: Sí, yo creo que he tenido que aprender a que esa especie de terror es una buena señal. No siempre, pero al menos en mi trabajo. Obviamente no cuando estoy caminando sola por la calle. Es algo que hablé muchísimo en terapia respecto a todo el espectro creativo y de la imaginación. Uno normalmente relaciona la imaginación con algo luminoso, algo positivo. Pero igual tiene un lado oscuro. Y en mí la creatividad, el lado oscuro, normalmente se manifiesta como mucho miedo: terror, paranoia, sobrepensar las cosas, ansiedad. Porque también puedo imaginarme escenarios muy terribles, así como puedo imaginarme unos más entretenidos. También lo que a mí me gusta, que puede ser algo oscuro, a veces se transforma en algo que no puedo controlar. Y yo creo que eso le pasa a mucha gente. Las personas que transitan con frecuencia por el miedo y la ansiedad normalmente son personas muy creativas, porque tienen esos dos lados y pueden imaginar el peor escenario posible.

Mi miedo es muy creativo, también, y puedo llegar con él a lugares muy indeseados y quedarme ahí. Por eso trato de llevarlo no necesariamente hacia lo bello, sino que ocupar esos lugares donde hay terror, donde hay rechazo, y tratar de transformarlos en dibujos, o abordarlos desde el humor. Cada uno va enfrentando esta parte oscura y viendo si le sirve o no. Yo creo que a mí me sirve mucho y me interesa mucho el terror, de hecho es algo que me gustaría explorar más.

R: Sí. Cuando leí esas escenas cuando la protagonista se abre la pata, sentí ese ihhh, ese gore. O con la escena del tajo en la cara.

C: Sí y también se mezcla con cosas lindas, que igual eso me gusta.

R: Sí, está esa escena, que a mí me gustó mucho, cuando está conversando con la amiga en el supermercado, y le cuenta sobre la vecina. Cómo a la señora le salían lágrimas de sangre y la tenía que limpiar, y la amiga le dice algo como “puta, que asco”, esa sería yo, me daría mucho nervio, pero ella ni se inmuta, le dice “bueno, a mí no me da nada de asco, así que cuando seas vieja yo te limpio el poto, tranqui”. Lo encontré bacán.

C: (Risas). Sí. Yo creo que la razón por la cual me atrae toda esa parte más gore es porque crecí con mi familia trabajando en la salud pública. Mis papás trabajaban en la posta y yo quería saber, de alguna manera, lo que ellos veían; acercarme a su imaginario. Una especie de morbo que ahora yo puedo explicarme como algo muy tierno, de una niña que quiere acercarse a sus padres. Por eso la escena final, cuando [la protagonista] está hablando con su papá, mezcla esas dos partes. Y esto también tiene que ver con la preocupación por el otro: con los cuidados, con el no sentir asco, con la empatía. Todas esas cosas que tienen que ver con enfrentarse a lo que puede ser  asqueroso, que muchas veces es cuando uno tiene que ser fuerte, o apañar o ayudar… Como la señora que lloraba sangre con pus.

Detalle interior

R: Y ahí también se ve eso que dices tú. El papá que dice: “Le cosí la cara, porque hay que hacerlo con cuidado, para que no le queda la marca”, y ella con esas expresiones como “uhhhjj” o “ssst”. Él con ligereza, bajándolo, diciéndole que está bien, mirándolo desde la ternura, la compasión, el cuidado…

C: Claro, totalmente. Como que igual, visto a lo rápido, puede ser morboso o asqueroso, pero tiene mucho que ver con la ternura.

R: Me gusta eso. Y siento que se traduce bien en tu trabajo. Bueno, para terminar, una pregunta sobre algo que también mencionaste en el lanzamiento: ¿Estás trabajando en algo nuevo? ¿Hay algo que nos puedas contar al respecto?

C: Sí, estoy trabajando en un proyecto nuevo, pero todavía no tengo idea de lo que estoy haciendo, así que voy bien.


Catalina Bu nació en Concepción, Chile, en 1989. Al finalizar sus estudios de ilustración trabajó para distintas marcas y comenzó su andadura profesional en el mundo del cómic, que dio como resultado los libros Diario de un solo I y II (Catalonia) y la colección de viñetas En blanco (Almadía; Catalonia), todos ellos caracterizados por un estilo muy personal y expresivo y por la fusión entre narrativa e ilustración. Como ilustradora ha trabajado para numerosos organismos y empresas internacionales (ONU, Amnistía Internacional, World Vision, Netflix, Vans, Google, Moleskine, H&M y Sony Music) y su trabajo ha sido expuesto en diverso países.

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