Fotos de la pieza chica

Daniel Valencia Castillo

-1

Todo deseo cae en ese arrullo

un canto de madre    a la manera de las cavernas

queriendo entibiar esos mitones

Cuánto se puede reclamar cuánto se puede pedir

cuando se escapa el calor

ese aliento tibio de tan pocas horas

El olor a leche va a quedar en la memoria

mientras se acepta    a nudos    en un abrazo

que todos los días serán ese día

que el llanto lo vas a vivir sola

1

Cuando estaba dentro tuyo    mamá

doblado entero hablando la jalea y los humores de tu vientre

mis dedos quisieron hacerse de tus vértebras

cuando me botaste enrollado entre jirones de tela

Y entre sangre, mierda y lágrimas

con tus restos bajo las uñas

hallé un primer aire fuera de ti

-2

Descansan a sus pies aún azules

patos de orina y restos fuera del cuerpo

en un hedor de todas cosas juntas

Arrugas de poca vida

se camuflan entre pliegues de ropa

y su olor se vuelve piso

mientras su pecho ya no se basta

Hay abrazos que se transforman en ataúd

un calor que tenía que consumir a otro

2

Las primeras lecciones son

un pataleo entre pasillos

quién grita más fuerte

quién necesita más

un cariño en la sien

a los ojos que aún no se abren

a la boca de leche de llanto de labios apretados de dormir

se arropan en sábanas se cubren con gritos

corren a su lado

mientras pequeños bostezos detienen su tiempo

Cerca de una ventana abierta

cuidas ese pedacito de brasa

entiendes    el olor es su primer aprendizaje

Después de años

muevo la puerta empujo el polvo

una infancia encerrada en la pieza

Rayas en la pared marcan la altura del niño

un metro de distancia entre mi cabeza

y esa mollera que veo al alcance de la mano

Miro el rayón esos hombros encorvados

me encojo

doblado he vuelto a medir lo mismo

cuando se está de rodillas

todo queda a la mano en esta habitación

La sobremesa se cae entre los vasos

migas remojadas en el vino del piso

Un silencio que vuelve a tomar forma

de absoluto 

deja lugar al tinitus

bulla blanca que precede el grito

de un padre que sale del comedor

Un filo   un cuchillo

que se dibuja hacia cada pared

dejados por ti sucios

restos de mantequilla al borde

de mesa lavaplatos sillas

Ahora el living tiene tu forma

los muebles se movieron y toman el orden

de tu rabia de puños apretados

mi piso se cae en el filo de la punta de tu cuchillo

Solo las gotas saladas

hacen descansar al padre

Padre me han dicho que falta poco para enterrarte

me dijeron queda tan poco para verte bajo sábanas de cuerpos

Te desparramaste entre tantas manos

no quisimos agarrarte

todos nos quedamos mirando

te ibas cayendo

y nosotros   con manos cómodas en los bolsillos

—Mientras más se demora en sonar   más hondo es

—No escucho nada

Y nadie oyó y ahí estás y junten hambre

De tan poca carne que te queda

veremos cuánta boca se come tu raspado de costillas

Vamos a contar a dedo

cuánto gusano hay metido en esos interiores

Esa oración será nuestra sobremesa

la única que compartiremos papá

un canto contigo a la altura de las suelas

Oh, pero ustedes delicadas, anhelantes caras

¿quién las habrá olvidado?

—E. Pound

Y sabré decirlo cuando

todos sus nombres se hagan ordinarios

cuando todos los rostros

vuelvan a ser iguales

incluso el suyo   alejándome de toda familiaridad

¿Podré hallar ahí   sentir otra vez

la soledad de la infancia?

Cuando solo queda un trozo de espinazo

ahora soy yo quien olvida


Daniel Valencia Castillo (Valparaíso, 1999). Porteño. Poeta. Es también profe de historia y ha participado de distintos talleres, entre ellos el Laboratorio de Escritura Territorial (LET) y el Taller de Poesía de La Sebastiana. Participó de espacios como Plataforma Crítica y ahora se dedica al proceso de edición de un, espera, futuro libro.

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