La novela de un librero desencantado 

Javier García Bustos

Correr solo, el nuevo libro de Rodrigo Fernández es una historia disfrazada de diario, una novela fragmentada sobre un librero que debe lidiar con una realidad que, generalmente, hastía. Una bitácora y a la vez un borrador de quien lee y apunta lo que sucede en un tiempo determinado. Finalmente, el tiempo del librero de la Librería Desconocida. 

Su fotografía en X (ex Twitter) es un retrato de Simone Weil. Junto al perfil de la filósofa se leen frases ingeniosas, reflexiones y citas de autoras y autores. “Los rostros me distraen de las personas”, apuntó @corrersolo en X el pasado 25 de octubre. Y cuatro días antes, el 21 de octubre, nos informa: “Conserje de la mañana asegura que conserje de la tarde se lleva el Nescafé y lo rellena con Monterrey”. El 20 de octubre escribió: “Si no eres Armando Uribe no hables de ir a misa”.

El autor de esta cuenta (@corrersolo) es Rodrigo Fernández (1983), cuyo primer libro es el conjunto de cuentos reunidos en Atarantado (Laurel, 2023). Hace algunas semanas apareció su nuevo libro, Correr solo editado por Overol. Al abrirlo, al hojearlo, al leerlo, podemos hallar reflexiones, citas de autoras y autores, anécdotas e impresiones: “Murió un conserje. Pusieron el aviso junto al listado con los deudores” (90).  

Correr solo se inicia en enero de 2014. Está fechado por meses y llega hasta mayo de 2017. El narrador-protagonista consigue un puesto de librero en una librería céntrica de Santiago. Es una sucursal de la Feria Chilena del Libro, pero él la llama la Librería Desconocida, que recuerda a La Universidad Desconocida, de Roberto Bolaño (Volumen que incluye un poema titulado La novela-nieve: “Cuando escribo digo escribe cosas entretenidas / algo que interese a la gente. (…) Un reverso posible de otro poema”).  

En Correr solo el librero lector deja sus notas. Hay citas de Simone Weil, Juan Emar, Marguerite Yourcenar, Jules Renard, Fernando Pessoa, Gonzalo Millán, Roberto Juarroz, Marco Aurelio, y deja constancia de su lectura de Me acuerdo, de Joe Brainard (libro que inspira a Georges Perec, Margo Glantz y Martín Kohan). 

Podríamos decir, a la rápida, corriendo, que las frases del autor anotadas en la red X son una cara –o un espejo– de su libro impreso en papel. Puede ser. Hay asuntos que dialogan. El narrador de Correr solo no solo sale a correr, a trotar, a sudar –a desafiarse a sí mismo–, sino que elabora párrafos, frases, digresiones sobre la escritura: “Escribir es sacar una moral del caos” (39), “Estoy soñando que escribo mi sueño” (52), “Escribir aquí es pasearse con una linterna a través de lo borroso” (71), “Si no es por escrito, mejor no detenerse a pensar” (101).  

Sería apresurado también decir que el autor es un escritor compulsivo, que vive con la incontrolable necesidad de trasladar su pensamiento en palabras, ya sean en una red social o impresas en papel. El narrador de Correr solo estudió filosofía y logra un empleo en la Librería Desconocida (“Cualquiera podría, incluso, hacer la arqueología de la Librería Desconocida en el período de la dictadura”, 139). Desde ahí, el autor arma una historia, una novela disfrazada de bitácora, un diario, un borrador de aforismos desordenados de un librero desencantado.

Sus anotaciones son diversas: sobre el trabajo, el amor, el tiempo, el fastidio, la marihuana (“Me dijeron ‘marihuanero’ y fui a mirarme al espejo para comprobar”, 62), sus dos mascotas –la Gatachica y la Gatagrande– y, por supuesto, sobre correr. Practicar deporte, salir corriendo e intentar lograr cierta satisfacción –el riesgo de ir más allá– permite establecer una analogía con el narrador/librero. 

“Correr es ir leyendo con el cuerpo” (9), es la frase que abre el libro. Luego leemos en otras páginas: “Es el cuerpo el que busca los libros” (17); “Cocino corriendo, contesto los emails corriendo, ordeno la pieza corriendo” (19), “Dejé de correr y por las noches sueño que corro” (25) y “Correr es como escribir. No se requiere de nadie y cualquiera puede empezar desde cero, sabiendo que, por muy malo que sea, tiene toda la vida por delante para conseguir algo” (110), “Vuelvo a correr por las noches. Corro contra el día y sus miserias” (124).  

El narrador de Correr solo es un desencantado de su entorno. De una rutina con la que lucha. Se enfrenta a quienes ingresan a la librería, se enfrenta a las preguntas inoportunas, a la burocracia, al horario de la hora de almuerzo, a sus traslados en bus a Curicó. En fin, es importante registrar porque como se pregunta el librero marihuanero: “¿Habrá otro tipo de escritura cuando ya estemos muertos?”.    


Rodrigo Fernández Cerda (Curicó, 1983) estudió Filosofía, ha trabajado en librería y vive en Santiago de Chile. En 2023 publicó Atarantado y en 2025 Correr solo.

Javier García Bustos (Santiago, 1977) ha trabajado como periodista en los diarios La Nación, Las Últimas Noticias y La Tercera. Además, ha colaborado en medios y revistas como The Clinic, Palabra Pública, Dossier y Santiago. Es autor del libro de poesía Último paseo (2008) y la crónica Rostros de una desaparecida (2022).

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