Javier García Bustos
¿Qué ocurre cuando el lenguaje se esfuma? ¿Cuándo el silencio comienza a hablar y se apodera del territorio de la comunicación cotidiana? El libro de Julieta Correa (Buenos Aires, 1989), ¿Por qué son tan lindos los caballos?, publicado en Chile por editorial Montacerdos, surge de otras palabras, de otras frases y emociones, que fueron apuntadas en cuadernos ajenos a la creación de la autora: son los diarios de la protagonista, Sari, la madre de Julieta.
“Anotó cada detalle de cada día durante más de cuarenta años. Encuentro cuadernos por toda la casa con sus anotaciones y dibujos en algunos márgenes. Su letra es clara y linda”, leemos en este libro construido por fragmentos, pequeñas postales de una historia profunda, hermosa y compleja.
Julieta Correa es la autora de ¿Por qué son tan lindos los caballos?, pero a la vez es la cuidadora de su madre, quien está perdiendo la memoria, el lenguaje, y que lentamente, dejará de reconocerla. Julieta también apunta, anota, la convivencia cotidiana con su madre, entre muchas otras cosas: son las reflexiones de una vida que se escapa. ¿Cómo contenerla?
“Se había puesto a hablar con palabras que eran otras”, escribe la autora. “Mis apuntes son raquíticos. Pero quiero hacerlo. Voy lento, pero insisto. (…) Mientras ella empezó el proceso de desarmar su mente y separarla de las palabras, yo empecé un proceso de desconfianza en las palabras, desconfianza que siento como una traición”, anota Julieta Correa en un libro donde la memoria y el lenguaje son también protagonistas.
¿Por qué son tan lindos los caballos? es un libro construido entre dos, entre la madre y la hija, como un telar donde, a veces, escribe la autora/narradora, quien le da espacio en sus páginas, a algunos fragmentos de los diarios de Sari. Una obra que no termina. La continuación de los diarios de Sari, escritos por la hija. “Mientras escriba estos apuntes seguimos conversando”, anota Julieta.
Sari está presente desde la portada del libro hasta el final y, a pesar de la existencia de un lenguaje truncado, a veces distante, a veces ausente –la fragmentación refleja esas interrupciones y silencios–, la autora logra unir los recuerdos, los deseos y lo que se pierde, incluso, para siempre.
“Espero que nos queden muchos años años, para vernos muchos años”, transcribe la autora de un papel que encuentra escrito por su madre. Las repeticiones podrían ser atribuidas a los problemas de demencia de Sari, pero igualmente a un deseo que emana de la frase: el deseo de seguir juntas por muchos, muchos años más.
Este libro se construye además con citas de otros, con las lecturas de la autora, con sus pensamientos, que a veces son solo una línea en una página. La autora sabe la potencia que hay detrás de las palabras, el significado de una frase. “¿Cómo nos van a dar la espalda a nosotras, las palabras, si siempre nos habíamos sentido preferidas?”, leemos en este libro que gana y se multiplica en la medida que las palabras se van perdiendo, porque llegan otras a reemplazarlas. Y, sobre todo, a decirnos que dentro de un libro alguien puede seguir viviendo, y eso es la posteridad, el triunfo vital, tierno y silencioso de ¿Por qué son tan lindos los caballos?
Javier García Bustos (Santiago, 1977).
Ha trabajado como periodista en los diarios La Nación, Las Últimas Noticias y La Tercera. Además, ha colaborado en medios y revistas como The Clinic, Palabra Pública, Dossier y Santiago. Es autor del libro de poesía Último paseo (2008) y la crónica Rostros de una desaparecida (2022).
Julieta Correa (Buenos Aires, 1989).
Es librera en Librería Mastronardi (librería jardín en Zapiola, Lobos), editora freelance y trabaja en comunicación cultural. ¿Por qué son tan lindos los caballos? es su primer libro.


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